"Fue espeluznante y me morí decenas de miles de veces". Así describe la música Carolin Widmann su experiencia en un vuelo de Helsinki a Leipzig. En el mostrador de facturación de Lufthansa no le permiten subir al avión como equipaje de mano su violín de 244 años, su estuche y sus arcos. Desembala el valioso instrumento, fabricado por Giovanni Battista Guadagnini en 1782, y lo acuna en su regazo como si fuera un bebé durante el vuelo.
Poner el valioso violín bajo el jersey por miedo
La profesora de violín de 49 años de la Academia de Música y Teatro Felix Mendelssohn Bartholdy de Leipzig siempre tiene miedo de que el valioso instrumento se estropee y ni siquiera se atreve a ir al baño. Suda durante el servicio de comidas y esconde el instrumento bajo el jersey. Para ella sería una pesadilla que el violín se salpicara con zumo de tomate, vino tinto o puré de patatas, o que se produjeran turbulencias durante el vuelo.
El violín no le pertenece, sino que se lo proporciona una fundación londinense. "La compañía de seguros exige que nunca pierda de vista el violín ni lo deje en manos de otras personas. Y menos arrojándolo al maletero de un avión como una maleta normal", explica Widmann. Según ella, su valor de mercado es de dos millones de euros, pero como tesoro cultural no tiene precio.