Pequeños componentes electrónicos se alinean en un palé, que un brazo de pinzas agarra con precisión. Lentamente al principio, coge velocidad después de la primera pasada. Primero, el robot sumerge los puntos de contacto en un fundente y luego, con ayuda de sensores, en estaño calentado a 400 grados con precisión milimétrica. Por último, las bobinas se colocan ordenadamente en una caja. Una vez en marcha, sólo se tardan unos 30 segundos por pieza electrónica.
La empresa familiar Arnold Electronic de Lichtenau, cerca de Chemnitz, tiene 43 empleados. Fabrica bobinas, transformadores y choques en diversos formatos: desde el tamaño de una uña hasta transformadores de 100 kilogramos de peso. El robot estañador, conocido cariñosamente como "Robby", forma parte del equipo desde hace aproximadamente un año y medio. Ha sido desarrollado en colaboración con el Instituto de Ingeniería Mecánica y de Plantas de Chemnitz (ICM). "Desde la idea hasta la realización pasaron unos cinco años", explica el Director de Producción, Ulrich Morawietz. En total, el sistema costó unos 120.000 euros.