Marion Krause se acerca con cuidado a las plantas. Palpa las hojas y toca con delicadeza la flor. Se percibe un aroma dulce y especiado. «Es la clavelina», dice sonriendo. A solo unos pasos de allí, desprenden su aroma las rosas, las hierbas en flor, los geranios y los árboles coníferos aromáticos. Incluso para las personas videntes, el Jardín Botánico para Ciegos de Radeberg, en el distrito de Bautzen, es toda una experiencia en la naturaleza. Pero a las personas con discapacidad visual y a las personas ciegas les ofrece la oportunidad única de descubrir el mundo vegetal de forma autónoma.
Y es que, de las 1.300 especies de plantas que hay en el recinto, unas 700 son plantas aromáticas que pueden disfrutar. En sus 22 000 metros cuadrados se han hecho realidad muchas de las ideas que Marion Krause, como persona con discapacidad visual, ha impulsado en los últimos años. Esta antigua fisioterapeuta y especialista en fitoterapia es presidenta de la asociación de apoyo al jardín, que forma parte del Servicio para Sordociegos de la Iglesia Evangélica en Alemania.