Un mordisco al stollen y, de repente, se oye el crujido de una piedrecita entre los dientes; para evitarlo, la gran panadería sajona Emil Reimann lleva un año apostando por la inteligencia artificial (IA). Esta tecnología analiza radiografías de los productos de panadería ya elaborados y ayuda a detectar incluso las impurezas y los cuerpos extraños más pequeños, tal y como explica Nadine Sorkalla, responsable de gestión de calidad de la panadería.
La IA realiza controles al final de la producción
Esta tecnología desempeña un papel importante al final del proceso de envasado. «Es la última intervención en el producto, en la que se decide si este se destina al consumidor o se queda aquí, en la empresa», explica Sorkalla.
Según Sorkalla, no es posible evitar por completo la presencia de cuerpos extraños, como pequeños restos de piedra. Según ella, estos pueden llegar a los productos de panadería tradicionales —como el stollen, el pan de jengibre o el Baumkuchen— a través de ingredientes procedentes de cadenas de suministro internacionales.