«Cuando me levanto temprano, me alegro de tener trabajo», dice Zahra Sarwari con una amplia sonrisa. Así sabe que hoy tiene algo que hacer. Desde hace unos meses, esta mujer afgana de 39 años trabaja en el comedor de la Universidad Técnica de Dresde, a veces sirviendo la comida y otras veces en el lavavajillas. De momento son cuatro horas al día, pero más adelante serán seis u incluso ocho. Entonces quizá pueda trabajar en la cafetería o incluso como cocinera.
Encontrar trabajo para mujeres refugiadas es difícil
Según Schäfer-Hock, el Consejo de Extranjeros lleva años dedicándose a ayudar a las mujeres con un pasado como refugiadas a incorporarse al mercado laboral. «Ya de por sí es bastante difícil». Sin embargo, el proyecto con el Studentenwerk le da ánimos. «Si el empleador realmente quiere, se pueden lograr muchas cosas». A menudo oye excusas. El director general está convencido de que, si una entidad como el Studentenwerk lo consigue, otras también podrían hacerlo. Y aclara algo más: «No es un regalo, el Studentenwerk exige rendimiento».
Michael Rollberg, director general del Studentenwerk, opina lo mismo. Cuentan con 200 empleados en la restauración universitaria, por lo que hay espacio suficiente para la integración. Recomienda —al igual que Schäfer-Hock y también la ministra de Asuntos Sociales de Sajonia responsable de la integración, Petra Köpping (SPD)— que se imite el proyecto. «Tenemos que llegar a un punto en el que esto se perciba como algo totalmente normal», subraya Christian Schäfer-Hock.