Quien visite estos días un zoológico con temperaturas que superan los 30 grados, puede esperar encontrar a los animales en plena siesta. Mientras que en el zoo de Dresde los pandas rojos aprovechan al menos las horas más frescas de la mañana para hacer unos ejercicios de estiramiento, cuando el sol está en su punto más alto reina una calma total. «Los animales no son tontos», afirma el biólogo Thomas Brockmann. Simplemente se retiran —a madrigueras, cuevas, establos—; en cualquier caso, a la sombra.
Pequeños antílopes a lo grande: enfriamiento por evaporación a través de la respiración
«En su hábitat natural se enfrentan a temperaturas de 40 grados centígrados», explica Brockmann. Su nariz, alargada a modo de trompa, cuenta con una gran cantidad de mucosa y numerosos capilares. Al respirar se produce un enfriamiento por evaporación, lo que refresca la sangre. «A los dikdiks no les supone realmente ningún problema el calor. No obstante, a la hora de diseñar el recinto, nos aseguramos de que también puedan encontrar sombra». La sombra es importante para todos los animales, independientemente de si viven en las sabanas de África o en zonas más frías.
En cuanto a la constitución física, existe sin duda una diferencia entre el norte y el sur. Los animales de las regiones cálidas suelen tener orejas más grandes, que les permiten disipar bien el calor corporal. El elefante es un ejemplo paradigmático. «Las utiliza como un abanico para refrescarse», explica Brockmann. Sin embargo, las orejas tienen otra función más. A diferencia del resto del cuerpo del elefante, la piel en esta zona es muy fina y tiene muchísimas venitas. Al agitar las orejas, la sangre también se enfría al mismo tiempo.