Parece que los años dorados de los festivales de música han llegado a su fin: En Sajonia, el mayor festival de rock, Highfield, celebra del 13 al 16 de agosto en el lago Störmtahler, cerca de Leipzig, su «One Last Dance» y se tomará un descanso, al menos el año que viene; otros eventos, como el Festival Dixieland de Dresde, eliminan del programa actividades muy queridas por motivos económicos. Sin embargo, también hay festivales como el Wave-Gotik-Treffen de Leipzig que gozan de una sólida estabilidad.
Descenso de asistentes en el Highfield
El Highfield ya no es viable económicamente en su formato actual, según habían comunicado los organizadores Semmel Concerts y FKP Scorpio. En comparación con la época anterior a la pandemia, los costes de personal, material, honorarios o energía han aumentado en torno a un 45 %. Al mismo tiempo, la demanda ha disminuido debido al aumento del coste de la vida. «El Highfield, tal y como lo conocen y aman sus seguidores, ya no es posible en esta forma». La última edición del festival contó con unos 28 000 asistentes, mientras que en su época de mayor apogeo la cifra alcanzaba los 35 000.
Los festivales gozan de gran demanda en general, pero los asistentes también buscan más comodidad
«Los conciertos y los festivales son productos muy demandados por la calidad de la experiencia que ofrecen», subrayó Everke. Para los asistentes, no se trata solo de la música, sino también de la experiencia compartida. «Para muchos, un festival de varios días es como una peregrinación con personas afines».
Al mismo tiempo, ha aumentado la exigencia de los asistentes en cuanto a comodidad. Muchos acuden en furgoneta o autocaravana, o aprovechan las numerosas ofertas de mejoras de categoría. Así, el paquete adicional VIP Platino de tres días en el Highfield cuesta 699 euros. A cambio, incluye visitas guiadas entre bastidores, fiestas tras los conciertos, comida y bebida en zonas habilitadas, aseos privados y un sitio justo delante del escenario. A esto hay que añadir la entrada al festival, que cuesta 159 euros. Quien además quiera disponer de un lugar especial para dormir en una tienda de campaña con cama y colchón, tendrá que pagar un poco más.
«Estas ofertas tienen buena acogida, pero tienen su precio», explicó Everke. Por eso, no es de extrañar que los asistentes suelen optar ya solo por un festival al año y no por tres o cuatro, como ocurría hace unos años. Por ello, es importante crear una atmósfera y una comunidad propias en el festival.