Un fuerte zumbido es el ruido de fondo que se oye en este laboratorio equipado profesionalmente. Y es que en este edificio, situado en la pequeña localidad de Elgersburg (distrito de Ilm), en Turingia, se están sentando las bases para la cría de abejas melíferas de calidad.
En este cálido día de julio, cinco participantes de un curso especial aprenden cómo se hace exactamente. Están sentados ante mesas de laboratorio sobre las que hay grandes cajas con paneles de cristal. En su interior, los zánganos producen ese zumbido fuerte y grave. Con una minúscula pipeta en una mano y un zángano en la otra, todos persiguen el mismo objetivo: llevar a los zánganos al orgasmo.
Para ello, presionan el tórax de los insectos y hacen rodar con cuidado el abdomen entre los dedos de un lado a otro, hasta que el órgano sexual de los animales —notablemente grande en proporción al resto del cuerpo— prácticamente sale disparado y se forma una gran gota blanca en su extremo. Entonces entra en acción la pipeta: hay que colocarla con sumo cuidado y precisión para recoger el esperma de la gota.