Cuando Apple anunció hace poco más de tres años sus gafas informáticas Vision Pro, se habló de una revolución en la vida cotidiana. Sin embargo, con un elevado precio que ya ronda los 4.000 euros, este dispositivo sigue siendo, hasta la fecha, un producto de nicho en el mercado de consumo. Apple no facilita cifras exactas de ventas, pero una cosa está clara: hasta ahora, son pocos los consumidores que han comprado este voluminoso dispositivo para sumergirse en el mundo de la informática espacial desde el salón de su casa y, por ejemplo, dejarse sorprender por dinosaurios en 3D.
Tim Cook responde a un correo electrónico de Leipzig
Dos semanas más tarde llegó la respuesta desde Cupertino, que culminó con una invitación a la sede central de la empresa en EE. UU. Una vez allí, los científicos de Leipzig pudieron integrar su software en el Vision Pro, participar en talleres con los informáticos de Apple y, finalmente, llevarse a casa un dispositivo —que por entonces aún no estaba disponible en Alemania— para continuar con su trabajo de investigación.
El primer European Spatial Computing Healthcare Summit, celebrado recientemente en Leipzig, puso de manifiesto hasta qué punto ha avanzado este desarrollo. Organizada por el Fraunhofer IWU y el Hospital Universitario de Leipzig, esta conferencia especializada reunió a cirujanos, desarrolladores e ingenieros para debatir sobre el futuro de la computación espacial en la medicina. Lo sorprendente fue la uniformidad tecnológica: mientras que en un congreso de este tipo cabría esperar una gran variedad de hardware de distintos fabricantes, las aplicaciones presentadas por los pioneros de la cirugía funcionaban, sin excepción, en el Apple Vision Pro.