Tazas de café para llevar, platos de vivos colores y adornos para el árbol de Navidad: la porcelana de Meissen es desde hace tiempo algo más que la vajilla buena del armario de la abuela. "Queremos salir del escaparate y entrar en la vida", afirma el Director General Tillmann Blaschke, que lleva unos diez años al frente de la fábrica estatal de porcelana de Meissen. La empresa con el famoso logotipo de las espadas cruzadas quiere ser más joven y moderna, y por tanto salir de los números rojos.
El mercado de la porcelana ha cambiado, informa Blaschke. "Los productos tienen que ser contemporáneos y reflejar las necesidades del mundo actual". Mientras que las figuritas pintadas a mano y las bellas artes artísticas son especialmente demandadas en Taiwán, Japón y China, el mercado nacional se ha compartimentado. La porcelana ya no es un símbolo de estatus como antes, y el gran servicio para el asado del domingo tiene menos demanda, dice Blaschke. En su lugar, están de moda las vajillas para sushi, pasta o ramen. Además de la tradicional pintura de porcelana, también se han abierto camino en el mercado los grabados aptos para el uso cotidiano.