Rumba, traquetea y huele a infancia. Cualquiera que entre en la habitación de la lavandería mangle de Heinrichsort se siente transportado en el tiempo. El barrio de Lichtenstein, en el distrito de Zwickau, alberga algo que hoy en día se ha convertido en una curiosidad: una planchadora en frío. Sin embargo, algunas personas siguen confiando en este monstruo de piedra para alisar la ropa recién lavada. "La zona de influencia de los que planchan la ropa aquí llega hasta Chemnitz", dice la gerente del local, Annett Richter.
Las sábanas, manteles y toallas se envuelven en los llamados muelles o rodillos de madera y luego se les da tres vueltas con el pesado cajón. "De este modo, las prendas quedan firmemente unidas y lisas", explica Richter. Importante: la presión podría dañar botones o cremalleras.
La planchadora en frío lleva en el edificio municipal de Heinrichsort desde finales de los años sesenta. "Y probablemente seguirá funcionando hasta que nadie pueda repararla", dice Richter. Hasta ahora, su marido Michael ha conseguido encontrar correas y otros accesorios para mantener la histórica pieza.