La honestidad y la ambición son en realidad dos virtudes loables. Pero Oliver Glasner -al parecer- a veces encuentra en ellas su perdición en el trabajo. Porque aunque el entrenador del Crystal Palace puede ganar su tercer trofeo de la Conference League en dos años con el club de mitad de tabla, que no tenía títulos antes de su mandato, su marcha ya está decidida. Una vez más.
Contratar a Glasner puede ser todo un reto. Lleva consigo un impulso incansable y una enorme ambición, y exige lo mismo de todos en el club. En el pasado, esto ha provocado repetidas fricciones con la dirección. "Las condiciones tienen que ser las adecuadas para Oliver", explica el entrenador del Palace, Steve Parish. "Se trata de que él encuentre las condiciones para lograr sus objetivos. Oliver quiere ganar cosas"