En el mundo de los partidos fuertemente conservadores, de derechas y fascistas, hay un enemigo favorito: el voto por correo. ¿Por qué? Porque es el blanco perfecto para sembrar la desconfianza en los procesos democráticos y afirmar después que todo está amañado y manipulado. Un vistazo a EEUU bajo Trump muestra cómo funciona este truco. Pero, ¿por qué se torpedea y difama con tanta vehemencia el voto por correo? Una mirada más profunda revela las pérfidas intenciones detrás de este enfoque.
En primer lugar, hay que entender que el voto por correo es un punto débil a los ojos de estos grupos políticos. Proporciona un punto de ataque conveniente para sembrar dudas sobre la integridad del sistema electoral. Se afirma repetidamente que el voto por correo es susceptible de fraude y manipulación, pero sin aportar pruebas sólidas. El objetivo no es mejorar realmente las elecciones, sino hacerlas vulnerables. Esto crea un escenario en el que cualquier resultado electoral desfavorable puede ser descartado como ilegítimo.