El lince Anton sólo explora con vacilación su nuevo hogar en los Westerzgebirge. El animal, que lleva un collar con GPS, pasa la mayor parte del tiempo donde fue liberado de su caja de transporte el pasado lunes. Se comporta con la misma cautela que los otros dos pumas, Juno y Chapo, tras su liberación en la naturaleza, como explicó Karin Bernhardt, portavoz de la Oficina Estatal de Medio Ambiente, Agricultura y Geología, a petición de los interesados. Sin embargo, cabe suponer que irá aumentando su radio de acción.
Sólo unas horas después de ser liberado en la naturaleza, Antón, de un año y medio de edad, regresó a su "lugar de liberación". Más tarde, no emitió ninguna señal porque probablemente se encontraba en una zona muerta. El comportamiento no sorprende a los expertos. "Como linces nacidos y criados en un recinto, los animales tienen necesidades diferentes a las de las dos hembras de lince Nova y Alva que fueron capturadas en el Jura suizo. Antón aún tiene que aprender que sus movimientos ya no están restringidos por una valla y que tiene que depredar por su cuenta", explica Bernhardt. Sus dos congéneres liberados en la naturaleza ya lo han conseguido.