La crisis de la industria automovilística está dejando su huella en el mayor fabricante de automóviles de Europa: Volkswagen quiere arreglárselas con unos 35.000 empleados menos en el futuro y producir más de 700.000 coches menos al año. Esto forma parte de un compromiso duramente negociado en el duro conflicto laboral de Volkswagen con IG Metall, que finalizó el viernes por la noche tras días de negociaciones. No habrá cierres de fábricas ni despidos forzosos.
El canciller federal, Olaf Scholz, calificó el acuerdo salarial de "solución buena y socialmente aceptable". No eran tiempos fáciles para los trabajadores, pero a pesar de todas las dificultades, el compromiso garantizaba que el Grupo y sus empleados se encaminaban hacia un futuro seguro.