La presión ha acompañado a Lois Openda toda su vida. Empezó poco después de nacer, cuando el asma casi le quita el aire. Le siguió un año en el hospital y una operación. Los médicos no confiaban en que participara en deportes de competición más adelante. Entonces, contra todo pronóstico, cuando era con diferencia el jugador más rápido de la academia del Standard de Lieja, llegó el siguiente problema. Openda no podía pagar las cuotas de afiliación. Un compañero le echó una mano y la carrera continuó.
El camino le llevó al Leipzig en verano, donde la presión tampoco pudo ser mayor. Nunca antes los sajones habían gastado tanto dinero (hasta 45 millones de euros) en un jugador. Nunca antes un recién llegado había tenido que llenar unos zapatos tan grandes, los del máximo goleador Christopher Nkunku, que se marchó al Chelsea. Nunca antes un traspaso del Leipzig se había alargado tanto, las negociaciones entre el Lens y el RB con enésimas ofertas rechazadas proporcionaron el mejor entretenimiento veraniego durante semanas.